lunes, 16 de julio de 2012

Posted by Dante Romero On 1:00

Bueno, no todo. Aunque hago siempre esfuerzos por guardar los: “secretos”.
Cierta vez, un famoso premio nobel de literatura dijo que los escritores redactamos mentiras, que deben ser, parecer y hasta “oler” a verdad. Desde luego pienso que nuestra fecunda imaginación es la culpable directa de ello.
Ahora creo que hago bien en decir en toda reunión a la que soy invitado: no me cuenten nada, que lo escribo todo.


Pero, dicha mi advertencia, sucede todo lo contrario. Cada uno de los presentes se esmera en contarme fragmentos de su vida, pasado, anécdota, etc.
Ayer una amiga me narró su convulsionada experiencia, cuando en un descuido “perdió” a su hija de cinco años en nuevo centro comercial. Escuchar de la misma fuente los episodios de la desesperación, el miedo que gradualmente ascendía para transformarse en pánico. Su esposo que le hacía tanta falta y estaba de viaje. Las dudas, si comunicarse con él o no. Corrió, buscó, preguntó. Las lágrimas que trató de contener, pero que irremediablemente desbordaron y en su paso quitaron el maquillaje, otorgándole un rostro de loca, según ella. La gente que actuaba con indiferencia o que solo atinaba a decirle: cálmese. Pero era su hija, y ella se derrumbaba cada segundo más y más. Su corazón le latía hasta en las sienes. Fue entonces que llegó lo peor; un miembro del equipo de seguridad creía haberla visto de la mano de… otra mujer. Ella se sintió morir, pero extrajo fuerza y corrió hasta el lugar para seguir buscando. Finalmente el equipo de seguridad, reprodujo lo grabado por las cámaras desde el tercer nivel. Vieron como en cuestión de segundos la niña se liberó de sujetar el pantalón de su madre y mientras ella seleccionaba su perfume, la pequeña ya llegaba a la escalera automática y con la mayor confianza y ante la vista de todos, actuaba de lo más normal. Luego corría para alcanzar la otra escalera. Llegó así al primer nivel e ingresó a los juegos, mezclándose con los otros niños. Pero no todo terminó aquí. Tal vez por el calor que sentía un minuto después se quitaba la chompita azul con dibujos de maripositas y se quedaba con un polo de manguitas largas color crema. Todos buscaban la niña de la chompita azul con el dibujo. Y como si la niña supiese que la buscaban, la guardó en un rincón del juego de las pequeñas pelotas y permaneció jugando por esos veinte largos minutos. Los de seguridad enviaron personal al lugar y la hallaron sana y salva.
Cuando mi amiga terminó su narración, le pregunté: ¿Qué hubieras hecho de no encontrarla? Su respuesta fue: “la hubiera seguido buscando, aunque mi vida se terminaba en ese momento”.
Ya de regresó a  mi casa, mientras conducía mi automóvil, revivía cada trozo de su historia y mi imaginación ya creaba otra; otra donde la niña no aparecía y en donde las almas de los personajes de derrumbarían poco a poco, mientras alguien del pasado de su marido se imponía para realizar una… venganza.
Esa puede ser una posibilidad, pero desde luego hay otras, como que la niña no sea en realidad su hija, y se descubre que mi amiga engañó a su marido. En fin, me sucede lo de siempre, las escenas comienzan a aparecer una tras otra y la novela comienza a tomar forma, al menos ya cuenta con un inicio, pero el final, aún no lo tengo. 
En fin; desde ahora ya saben cómo soy y... no me cuenten nada, que lo escribo todo.

PD. La imagen del bolígrafo y papel, la seleccioné puesto que todas mis novelas las escribo en hojas de papel. Luego, transcribo todo ello a Word. Ustedes dirán que es un “doble trabajo” pero créanme, hacerlo me permite ampliar los argumentos y hasta corregir errores.

2 comentarios:

OLORES DE SEVILLA dijo...

Muy buena narración , como siempre haces en todas tus historias . Las frases de amor , algunas no las veo muy acertadas , otras , son preciosas. Me alegro que tengas en mente otra de tus muchas ideas.!!felicidades por tu imaginación y las musas no te abandonen!!

Nando Leriv dijo...

Me identifico con la fecunda imaginación que posee todo escritor, volamos sin tener alas.